La respuesta es que el cólico es más doloroso, pero no solo porque el dolor puntual sea mayor o menor, que no es capaz de discernir: “Un parto sabes cómo viene, conoces las causas, tienes tiempo de prepararlo, aproximadamente sabes lo que dura la intervención y, con muchas probabilidades, el final será feliz… El cólico, en cambio, llega sin avisar, cuando lo sufres no sabes lo que dura, y tampoco entiendes muy bien por qué se va el cálculo, ni si se puede repetir en unos días…”.

Evidentemente, y aunque algunos todavía dudan cómo llamarlo, si ayuda o rescate, no estamos viviendo en todo caso un parto, desgraciadamente, sino un cólico agudo. Y estamos en mitad de la crisis, en medio del proceso, un lugar donde no entendemos casi nada, donde es fácil confundir causas con efectos, si bien lo peor es que la incertidumbre hace que nos sintamos peor: se mezcla el dolor corporal con el dolor mental, generado por una ansiedad que, seamos honestos, pocos son capaces de gestionar adecuadamente. ¿Y qué pasará cuando baje la fiebre? Pues nada, que seguiremos con nuestra vida habitual, poco o nada habremos aprendido.



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